Dicen las
abuelas que cuando nacimos la tierra nos regalo una vasija sagrada para
recordarla. Y nos la puso en un lugar muy especial, abajo de la fuerza de
voluntad y arriba de nuestras raíces, y la conectó con nuestros ríos interiores
para poderle ofrendar siempre un poco de fertilidad. Esa vasija es igual a un
volcán, y contiene la flama encendida, es ahí donde se gestan todos los
nacimientos. Ahí es donde inicia la creación universal. Esa vasija la hizo de
barro para que pueda latir. Y si la amamos y cuidamos puede crearse en ella un
jardín lleno de sabiduría y memorias.
La hizo perfecta, húmeda, caliente y depositó en ella todas las pócimas y
alquimias para recordar cómo se sana la humanidad. Guarda los secretos de toda
la creación y de ella sale un poder inigualable. Nos advirtió que si perdemos la conexión nos enfermamos de tristeza o
manipulación. También guardo en ella la receta para su sanación y creo plantas y flores a su
servicio, ruda, salvia, Santa María, sangre de grado, menstruanza y cancerina
cuando la sentimos quebrada.
La hizo pensando en una flor, se inspiró en las orquídeas y así la dibujó. Con esa sutileza se toca, con sus perfumes ella habla, con sus esencias nos
envuelve. La puso en todas sus hijas para que nos recordemos que somos hermanas, y le
otorgó ciclos iguales a los de la luna, para hacernos a todas sabias. Ella puso en esa vasija un hechizo, y el conjuro consistía en prenderlas todas
juntas para que pudiéramos conectarnos, recordando a todas nuestras
abuelas. Todas esas vasijas están encendiéndose, el volcán se está despertando.
Este viernes 21
de diciembre; aprovecha el portal del solsticio y la energía de la luna
llena para re-significar las memorias de nuestro
útero...

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