Nuestro proceso espiritual a lo largo de la vida es el viaje que nos lleva del ego al espíritu. Dado que el ego suele ser inseguro, tiene muchas necesidades e impulsos hacia la gratificación y debe vencer muchos miedos. El ego tiene que confirmar sus ideas y su preciosa imagen de si mismo. Sus actitudes se convierten en sacrosantas.
Es natural que la personalidad humana y el ego deseen gradualmente y mediante su autoconfirmacion , coronarse reyes de todo cuanto dominan con la vida. Con el tiempo, sus ordenes y deseos se convierten en edictos que no pueden desobedecer ni desafiar, . Mantener felices al rey y la reina y darles todo lo que desean se convierte en el trabajo principal. Si alguien es muy inteligente o tiene mucho éxito desde el punto de vista humano, generalmente no le lleva mucho tiempo elevarse a la categoría de semi dios. Una vez que el ego (o la personalidad) se han investido con los atributos de un dios, de ahí emana un extremo ingreimiento. Se dan ordenes, se imponen exigencias y se manipulan las situaciones. Se reprimen la tolerancia, la espiritualidad y el agradecimiento. Cualquiera que desafíe los edictos del rey y la reina, o la imagen que estas personas tienen de si mismos, sentirá toda la ira de un régimen despótico.
Nuestra sociedad moderna engendra déspotas. En comparación con la vida de nuestros antepasados, ahora las cosas son agradables y cómodas. Todo lo que el ego puede necesitar lo tiene a la mano. En estas condiciones es natural que el ser humano perdamos de vita la gratitud y nos dediquemos a adquirir importancia y recibir honores, nos convertimos en esclavos del esfuerzo de tener contento al rey ego y la reina personalidad.
Y aquí esta uno de pronto, un ser espiritual envuelto en pañales, nacido en un extraño mundo de gratificación, engreimiento, desenfreno y violencia. Un ser tan pequeño no tiene modo de desafiar la legislación colectiva del ego. Pronto se nos enseña a competir, luchar y exigir. Se nos enseña la necesidad de tener feliz al ego a toda costa.
La historia universal es la historia de egos políticos en conflicto y de su lucha por adquirir importancia y poder. La historia personal nos cuenta las mismas guerras y luchas, los mismos tratados y territorios conquistados, las mismas batallas para sostener el reinado del yo. ¿Que hay entonces del viaje a lo sagrado? a mi parecer es un viaje de treinta centímetros, que va de la cabeza al corazón, de los pensamientos a los sentimientos, de la exigencia de gratificación al aprecio y humildad. El viaje espiritual termina en la muerte del ego y la coronación del espíritu
Crédito: Stuart Wilde
Gratitud, Louise Hay y sus amigos








