lunes, 23 de septiembre de 2019

CREENCIAS Y MEMORIAS DE LA SEXUALIDAD COMO CONSCIENCIA COLECTIVA



     La creencia y actitud de desprecio y represión a la sexualidad es más antigua que la aparición del Cristianismo en la cultura Occidental. Ya en la época de los grandes Filósofos griegos como Aristóteles, Hipócrates, Platón y Pitágoras que vivieron entre el año 500 y 300 A.C, se consideraba el acto sexual como una experiencia que debilitaba al hombre y como algo que debía contenerse y controlarse.
     Para estos pensadores y observadores del comportamiento humano, la sexualidad de la mujer, no era problema porque ella no era afectada por la pérdida de energía que ocurría debido a la expulsión del semen. En cambio era una constante preocupación, el control del impulso sexual en el varón. Ya desde estos tiempos previos al Cristianismo y los tres primeros siglos posteriores  al nacimiento de Jesús, vemos una disociación entre sexualidad y amor. Vemos que el placer sexual es visto como un aspecto perturbador de la conducta humana y no se asocia la unión sexual con amor, ni siquiera entre los esposos en matrimonio. Lo que vemos es una tendencia a controlar el placer y el deseo sexual como símbolos de elevación moral y categoría social.
     Dentro del Cristianismo se atribuye a San Agustín que “el deseo sexual (lujuria) había animado a Adán a aceptar la propuesta de Eva de probar la fruta prohibida del Árbol de la Sabiduría”. Así fue, como se asoció por primera vez el deseo sexual con los orígenes del pecado. Su forma de pensar es considerada como la responsable de la confusión y la ansiedad ante el sexo en la Iglesia Occidental. Esta unión entre sexo y pecado hizo que muchos cristianos tuvieran y tengan aún, sensación de vergüenza ante el deseo sexual y el acto de saciarlo a través de la consecución o la búsqueda del placer. Esta relación, después de dos mil años, aún sigue vigente en las creencias de muchas personas.
     En el siglo XVI, se produjo un desafío entre el sexo y el pecado original a través de la Revolución Sexual que se inició en 1517 con Martín Lutero a través de la Reforma Protestante que rechazó lo que San Agustín decía respecto a que el sexo era algo pecaminoso, pasando a considerar el sexo entre un hombre y una mujer como un regalo de Dios, mientras se produjera dentro del matrimonio. Se podría considerar como un avance, pero creo que todavía, insuficiente.
     Él mismo también denunció que los sacerdotes tuvieran que seguir o cumplir el celibato, ya que consideraba que “sus deseos sexuales podrán terminar siendo canalizados en direcciones peligrosas”.

     La expresión “sean fructíferos y multiplíquense” con la que Dios se dirige a Adán y a Eva después de su creación, se considera como la primera instrucción que Dios les dio a ambos (Génesis, 1:28). Aquí Dios les estaba diciendo que tuvieran relaciones sexuales aunque el fin último fuera la procreación. Fue la primera tarea que les encomendó como pareja, lo que considero como un gran acierto porque de una manera u otra, “daba permiso” para mantener relaciones sexuales, aunque, luego serían las religiones las que pondrían los matices y bajo qué condiciones debían producirse esas relaciones íntimas.
 Otra expresión: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán una sola carne”. (Génesis, 2:24). La expresión “una sola carne” se refiere a la unidad total del cuerpo, alma y espíritu. Después sería la religión la que diría que debería producirse entre las parejas casadas, claro.
Para el Islam, “el pecado no existe. Concretamente, en la pareja no hay límite o prohibición sexual dentro del mutuo acuerdo. Sólo se prohíbe hacer daño al cónyuge.” Con la poligamia, según el Corán como Libro Sagrado, se considera que un hombre puede tener hasta 4 mujeres, siempre que las trate a todas por igual. “En árabe, sexo significa la unión más elevada que puede alcanzar el ser humano”.
Para el Judaísmo, la mujer es ‘propiedad’ del hombre y la fidelidad es uno de los valores más respetados dentro del pueblo hebreo. Esto garantiza que los hijos sean del marido. Las tradiciones judías están presentes en la Torah (el Antiguo Testamento) y en el Talmud. La eyaculación fuera de la vagina está prohibida para el judaísmo ortodoxo. Para los reformistas, en cambio, no es así: en varios pasajes del Talmud se sugieren juegos previos a la penetración.
El Hinduismo, no es una religión monolítica, ya que existen muchas escuelas. Algunas de ellas se consideran corrientes reformistas y otras son muy extremas, como la que gobierna hoy la India y pena, por ley, la homosexualidad. La soltería y la castidad están mal consideradas en la casta sacerdotal hindú, porque se ven como actitudes naturales. Igual que hoy, por la influencia islámica y cristiana, tampoco ven naturales el sexo anal ni las prácticas que no lleven a la reproducción.

El kamasutra es un texto hindú que fue escrito en el siglo III. Su nombre significa “tratado sobre el deseo”. El Kamasutra no sólo es un tratado de sexo, sino también una fuente de información so­bre los usos sexuales de la sociedad de la época.

El Budismo no es una religión reguladora, sino una fuente de inspiración. El tercer precepto de la tradición budista zen insta a “no seguir una sexualidad errónea”. Esto quiere decir que la práctica sexual no debe causar dolor ni sufrimiento. Si lo hace, el gozo no es completo. El matrimonio budista en la tradición zen, es un ritual que tiene una fuerte inspiración tántrica. Actualmente, el 99% de los monjes budistas japoneses están casados. Destacar que la homosexualidad ha sido habitual en los monasterios y que las sociedades budistas de Asia han sido muy tolerantes con las personas homosexuales. Consideran que la sexualidad y la espiritualidad no son dos conceptos antagónicos en la tradición budista, sino perfectamente compatibles.
     El máximo representante del Budismo, Dalai Lama, en cierta ocasión cuando le preguntaron en una conferencia de prensa qué era lo que se había perdido por ser un monje, rápidamente respondió que el sexo. El Dalai Lama, la reencarnación de Buda, ya reclamó en 1997 idénticos derechos para todas las personas, independientemente de su orientación sexual.
     Creo que queda bien claro que las creencias religiosas y la manera de hacerlas nuestras influye en la manera de entender y practicar la sexualidad.

                                                     El Tao del Yin y del Yang

     Los chinos han sostenido siempre la opinión taoísta de que las relaciones sexuales entre macho y hembra son la principal manifestación terrenal de los principios universales del Yin y del Yang. Por consiguiente, los chinos consideran la sexualidad tan natural e indispensable para la salud y la longevidad humanas como lo es para la vida vegetal la lluvia que cae sobre los campos. El intenso sentimiento de culpa que acompaña a las cuestiones sexuales en la tradición judeocristiana constituye, para los chinos, uno de los aspectos más desagradables e incomprensibles de la cultura occidental. La arraigada hipocresía occidental respecto al sexo ha impedido cualquier estudio serio sobre la sexualidad humana en el mundo occidental hasta hace escasos decenios. Como en todo lo demás, la filosofía occidental contempla el sexo a través de la óptica del dualismo: o bien se lo considera sagrado (en el matrimonio), o bien profano (fuera del lazo nupcial), sin admitir ningún matiz entre ambos extremos. Los chinos, en cambio, no establecen ninguna distinción entre sexualidad sagrada y profana. Por lo que a los taoístas se refiere, las únicas distinciones a tener en cuenta en materia de sexualidad son las que deslindan los hábitos sexuales sanos de los dañinos. Los chinos abordan el tema de la sexualidad humana -como todos los demás fenómenos- con una mezcla de curiosidad y reverencia. Dado que las relaciones sexuales son tan fundamentales para la vida humana como el comer y el dormir, los adeptos taoístas dedicaron mucho tiempo y atención al estudio de todos sus aspectos e implicaciones para la salud y la longevidad humanas. En una sociedad felizmente libre de represión sexual, los médicos taoístas pudieron examinar a fondo el comportamiento sexual humano y registrar con plena franqueza sus observaciones en libros y diarios, envolviéndolas en la habitual terminología taoísta, tan poética y florida.      Por consiguiente, los chinos han tenido ocasión de abordar y estudiar las relaciones sexuales entre hombre y mujer con los ojos bien abiertos y la mente libre de prejuicios y, a lo largo de más de tres milenios, se han convertido en los más avisados observadores de la sexualidad humana y en los más imaginativos amantes.



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