En su exhaustiva autoobservación, los filósofos de la India hicieron una minuciosa cartografía de la conciencia. Se ha dicho que de la misma manera que los esquimales tienen numerosas palabras para describir la nieve, en sánscrito se tienen por lo menos 16 palabras para lo que en español decimos con una sola: conciencia. Tal vez de la misma manera que los esquimales logran distinguir diferentes tonos y relaciones en la nieve por observarla detenidamente, en la India la observación de la mente y la percepción ha revelado una sutil paleta de la conciencia y su capacidad de generar diversas experiencias subjetivas.
A partir de los Upanishads, los primeros grandes textos filosóficos de la humanidad, en los que los "sabios del bosque" dirigen su atención a observar el propio ser y sus procesos mentales, se mapeó un cuarto estado de conciencia que en realidad es el estado que los abarca a todos los demás. Lo llamaron simplemente "turiya", sánscrito para "cuarto". Este nombre tan escueto parece obedecer a que se prefiere generalmente no describirlo en términos positivos, con lenguaje que, por definición, limita, cuando turiya es lo ilimitado, lo indefinible, lo que siempre está en el fondo más allá del ruido de la mente, como el espacio base de todos los fenómenos
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